L’Escolapi vuelve renovado a Empúries para conmemorar el centenario de las excavaciones arqueológicas


Hasta mediados del 2009, la sede del Museo de Arqueologí­a de Catalunya (MAC) y el municipio de l’Escala acogerán cerca de una treintena de actividades cientí­ficas y divulgativas para conmemorar el centenario de las excavaciones de la antigua ciudad d’Empúries, impulsadas por el arquitecto, polí­tico e historiador Joseph Puig i Cadafalch en 1909.

Con motivo del centenario del inicio de las excavaciones, en el mes de marzo tuvo lugar el retorno a su lugar de origen de la mejor escultura griega encontrada en Catalunya: l’Escolapi o Asclepi d’Empúries.

El antiguo Dios griego de la medicina, de 800 kilos y 2,17 metros de altura, ha sido expuesto en el Museo de Badalona, en el Museo de Mataró, y por último, en el Museo de Arqueologí­a de Catalunya (Barcelona), donde ha recibido 6.285 visitantes. En estos 99 años en Barcelona, la escultura ha pasado por un intenso y cuidadoso proceso de restauración que ha permitido la reubicación de unos 85 fragmentos pertenecientes a distintas partes, entre ellas, los brazos.

A pesar de ser considerada la figura clásica mejor conservada de la Mediterránea Occidental, el exhaustivo estudio al cual ha sido sometido refuerza la hipótesis que algunos especialistas ya habí­an apuntado: l’Escolapi era un collage desde la antigí¼edad.

El busto y el cuerpo no corresponden a la misma pieza y no encajan a la perfección, y los brazos tampoco, cosa que hace pensar que, como mí­nimo, en la antigua ciudad griega habí­a tres esculturas de grandes dimensiones. El estudio demuestra que el brazo derecho es de mármol de Paros, mientras que el cuerpo es de mármol pentélico. En cambio, el brazo izquierdo es de proporciones superiores y de una calidad mayor que el resto. Parece evidente que algunas partes no corresponden al conjunto, y que habrí­an sido reaprovechadas de otra escultura. Además, la desrestauración de las piezas que, hipotéticamente, no corresponden al conjunto se hace todaví­a más difí­cil debido a la dureza del cemento con el que se engancharon las partes fracturadas.

Ahora ya se puede admirar en la nueva sala del Museo d’Empúries, dotada de los pertinentes controles ambientales, de temperatura y humedad. No obstante, después de tantos años de investigaciones, los expertos continúan teniendo más preguntas que conocimientos.

(Redactado por Marina Toledo)

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