Manuel Moyano: “Lo asombroso puede aguardarnos a la vuelta de la esquina”


El hotel Eurostars Palace 5* de Córdoba acogió ayer, 28 de abril, una cata literaria Wine & Books con Manuel Moyano, autor ganador del XVI Premio Eurostars Hotels de Narrativa de Viajes 2021 con su libro La frontera interior (RBA).

Acompañado por el poeta Alejandro López Andrada, Manuel Moyano habló a los asistentes de esta obra que narra su viaje por Sierra Morena, frontera física entre el centro y el sur de España que ha acogido a lo largo de su historia a bandoleros, contrabandistas, ermitaños, poetas y otros personajes extraordinarios.

Compartimos a continuación la entrevista previa a la cata literaria en la que nos habla sobre el libro y la literatura de viajes:

El prólogo del libro lo firma Sergio del Molino, quien elogia su innovación describiendo un territorio conocido para los españoles como Sierra Morena. ¿Cómo ha logrado ese punto de vista original sobre una región de la que se ha escrito tanto?

Si este libro es original quizá sea porque es la primera vez que alguien propone un viaje literario que recorra Sierra Morena en su totalidad, de un extremo a otro de la cadena montañosa, y no sólo zonas puntuales. También puede ser novedoso el punto de vista adoptado: he pretendido evitar la tradición que viene de Cela y su Viaje a la Alcarria y he tratado de imaginarme como un viajero anglosajón que surcase territorios remotos y exóticos. En este sentido, mi principal modelo ha sido Colin Thubron.

Wine & Books de Manuel Moyano. Fotógrafo: Carlos Navarro Prat.

Cuenta que emprendió este viaje con la motivación de que la aventura puede estar en cualquier parte. ¿Nos ha ayudado la pandemia a descubrir el turismo de proximidad?

Creo firmemente que lo asombroso puede aguardarnos a la vuelta de la esquina, que no es preciso cruzar medio planeta para encontrarlo, y he aplicado esta idea en varios libros muy anteriores a la pandemia. Sin embargo, es posible que parte de la población sí que haya necesitado tener cerradas las fronteras para descubrir nuestro propio país, que es maravilloso y muy variado.

¿Qué rasgos comparten las tierras que abarca Sierra Morena?

Se trata de zonas en general poco pobladas, con una orografía accidentada, lo que ha propiciado características tales como el aislamiento, la abundancia de fauna salvaje, el escaso aprovechamiento agrícola, la conservación de ciertas tradiciones y, en general, una naturaleza menos alterada por la civilización. La prueba es que toda Sierra Morena está clasificada como “Reserva Starlight” por la limpieza de sus cielos. En otros tiempos fue tierra de bandidos, asaltantes y bandoleros. También ese carácter de frontera ha favorecido que, a lo largo de los siglos, hayan sucedido en ella importantes hechos históricos.

En el libro explica que en el siglo XVIII esa región fronteriza entre Castilla y Andalucía fue poblada por colonos alemanes. ¿A qué se debió la colonización y qué rescoldos se conservan de aquellos tiempos?

Para unir el puerto de Sevilla con Madrid, Carlos III dispuso abrir un nuevo paso por Despeñaperros. Dada la despoblación de la zona y la consiguiente amenaza del bandidaje, se crearon pueblos de nueva planta, sobre todo en Jaén. Pero el proyecto también pretendía instaurar un nuevo modelo social exportable a todo el territorio de la corona. La idea de habitar esos nuevos pueblos con centroeuropeos provino de Johann Kaspar von Thürriegel, un conseguidor bávaro que terminaría muriendo en la cárcel de Pamplona. Aquel proyecto no consiguió cambiar España, pero de él quedan en la zona bastantes apellidos cargados de consonantes y algunas costumbres importadas.

Cuenta que el rey Carlos III abrió el paso de Despeñaperros a finales del siglo XVIII «sin mucha lógica geográfica». ¿Por dónde cree que sería más fácil comunicar la Meseta con Andalucía, quizás a través del Camino Real que une Córdoba y Toledo?

El camino más corto para ir del valle del Guadalquivir al centro del país fue siempre el Camino Real de Córdoba a Toledo, que se empleó durante cientos o incluso miles de años. Transcurría por el norte de Córdoba y cruzaba a lo que hoy es Ciudad Real. Cuando Carlos III abrió Despeñaperros, ese antiguo camino cayó en desuso. Pero en la actualidad se ha vuelto a emplear para otros fines por una mera cuestión económica, ya que, al ser más corto, es también el menos costoso. El AVE, por ejemplo, pasa por él.

Wine & Books de Manuel Moyano. Fotógrafo: Carlos Navarro Prat.

En ese Camino se encuentra la Venta de la Inés, visitada por Miguel de Cervantes y citada en La frontera interior. ¿Qué sintió al visitarla y charlar con su anciano anfitrión?

La visita a la Venta de la Inés es, creo, uno de los momentos cumbre del viaje. Antes se llamaba Venta del Alcalde. Perdida en el valle de Alcudia, junto a lo que fue el Camino Real, Cervantes se alojó en ella, ya que la cita en sus novelas. Es más, según Luis Miguel Román de Alhambra, es el escenario del manteo de Sancho Panza. La antigüedad del lugar se siente al pisar su suelo de barro cocido, que es el original de hace seiscientos años. Hoy día la habitan Felipe Ferreiro y su hija. Este hombre tiene una memoria prodigiosa y habla como si declamase en un antiguo corral de comedias. Hablar con él es como hacer un viaje en el tiempo.

El libro es una oda al paisaje natural del sur. ¿Por qué cree que en este país no se valoran las raíces rurales?

No todo el mundo las valora, desde luego. Nos hemos convertido en seres de ciudad, vivimos en un mundo dominado por los relojes y lo digital, donde el alimento se obtiene de los supermercados, así que el mundo rural se nos hace algo arduo y raro. Sin embargo, creo que hay cierto hastío de todo esto y que en nosotros late el instinto de volver al campo, a una vida más sencilla. Ambas tendencias luchan dentro de nosotros, porque nadie va a renunciar a las comodidades que nos depara la vida actual aunque conlleven ciertos inconvenientes.

“Nos hemos convertido en seres de ciudad, el mundo rural se nos hace arduo y raro”

Manuel Moyano

En La frontera interior describe su encuentro con el escritor cordobés Alejandro López Andrada, presentador de su cata literaria Wine & Books. ¿Cómo describiría su poesía?

Si algo me gusta de la poesía de López Andrada es su sencillez, que no debe confundirse con simpleza, y el modo en que late en ella la naturaleza: puede verse, escucharse, olerse, saborearse. Utiliza figuras y metáforas de gran fuerza, a menudo tomadas de la minería o del campo, y, sobre todo, sabe rehuir en todo momento el costumbrismo y el chovinismo.

Aparte de las de López Andrada, el libro rebosa citas poéticas. ¿Qué transmite para usted la lírica que no alcanza la prosa?

Es curioso, pero no me planteé a priori que la poesía tuviera gran peso en este libro. Fue algo que surgió, algo que me fue entregando el camino. Quizá la poesía tenga más fuerza que la prosa para transmitir el espíritu de un lugar, para hacérnoslo sentir de una forma más íntima.

¿Qué autores son sus referentes en literatura de viajes? 

He citado al principio dos grandes tendencias. Por un lado, hay una tradición española que viene del 98, sobre todo de Azorín, que alcanza su clímax con los viajes de Cela y que luego ha sido perpetuado por otros autores españoles. Me gustan esos libros, pero también me gustan los de escritores anglosajones como Paul Theroux, Bruce Chatwin o, en especial, Colin Thubron, que son muy distintos. En este libro he tratado en cierto modo de conseguir una fusión entre ambos estilos.

Por: Elena Jorreto.

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